Cerca del bello municipio de Cansahcab se encuentra la Hacienda Sahcatzin , lugar que cobija el aroma del zacate fresco mismo que sirve de alimento a los cientos de cabeza de ganado que rondan en los corrales cercanos a la desfibradora de henequen que cuida Iván Cocom encargado del lugar. Desde que el sol despliega los primeros rallos de luz hasta que se despide para darle paso a la noche que descubre a las estrellas, se escucha el canto de los pájaros que rondan por el cielo de tan colorida tierra.
A tan solo cinco kilómetros del municipio de Cansahcab se encuentra la hacienda Sahcatzin, nombre que ha recibido el lugar por la abundancia de ese tipo de árbol en los alrededores. Para recorrer todo el lugar se necesita un tiempo considerable o de lo contrario subirse a un caballo para poder recorrer la extensa zona territorial donde habitan las bacas, caballos y uno que otro perro.
El sonido de los pájaros es muy peculiar en el lugar puesto que la naturaleza abunda en los alrededores. En varias extensiones de tierra se cultivan varios tipos de zacate que sirven para alimentar al ganado “Braham”, “Suizo”, “Holster”, entre otros de origen Europeo y Americano.
En el mismo lugar se encargan de la reproducción y venta del ganado así como el de caballos. Con tan solo voltear la mirada se puede ver una enorme casona que resguarda la maquinaria de una desfibradora de henequen, el propietario Níger Jiménez compra el conocido oro verde para sogas y tapetes decorativos que después son distribuidos para exportación.
Cuenta Ivan Cocom que en el pasado la capilla de los reyes que se encuentra a un costado del poso y de un enorme arbol, servia para celebrar las fiestas del pueblo, conforme los años pasaron don Níger Jiménez decidió donarlos a la iglesia que se encuentra en Cansahcab, donde cada mes de enero se realizan las fiestas a dichos patronos.
En la parte trasera de la capilla de la hacienda Sahcatzin se ubica un cementerio donde supuestamente por la noche se escuchan ruidos que asustan a los que andan por la noche cerca de ahí, Iván en sus tres años de trabajo de vaquero en el lugar, nunca a escuchado nada, sólo las historias de terror que han experimentado sus compañeros.
S.I.C.V.
